Oct 03
Oct 03
Doblar cucharas es una actividad que, lejos de lo que pudiera pensarse, requiere de altas dosis de sensibilidad más que de fuerza. Hay quien defiende que basta con un impulso de la mente para doblegarlas, pero mi experiencia ha sido determinante para poder afirmar, hoy, a estas horas, que nada como el amor propio (el ídem de cada cual) para lograr semejante proeza.

No debes acercarte nunca a la cuchara de forma directa, descarada. Has de desarrollar una estrategia de acercamiento escasamente invasiva, como de vengo y voy, de persona indecisa, electrocutada por la energía de tus propios pensamientos. Doblándote sobre ti mismo cuantas veces haga falta, haciendo correr esa energía a través de tu cuerpo, rodando por el suelo si es preciso… Notarás cómo la cuchara se va mostrando, cada vez, más receptiva.
En tomando la cuchara (una vez predispuesta) con la mayor de la delicadezas, con los dedos corazón y pulgar de la mano izquierda (derecha para los zurdos), pasarla suavemente a los dedos homónimos de la mano derecha (izquierda para los zurdos) y con los dedos pulgar y corazón de la mano izquierda (derecha para los zurdos) comenzar a frotar muy delicadamente el cuello de la susodicha hasta notar un calorcillo en las yemas.. de los dedos, ojo, no de cualquier otra cosa.
Justo en ese instante haces como que te vas. Pero sin moverte del sitio. Como para atrás. Pero insistiendo. Sin perder la sonrisa. Verás como hasta el mejor de los aceros inoxidables acaba por rendirse a tal despliegue de glamour y buen hacer. Retrocedes, pero en realidad avanzas o, como mínimo, te mantienes. Vamos, que sigues ahí. Creo. ¿No?
Es la hora de aplicar algo de todo lo que has aprendido sobre las nuevas tecnologías. De forma inesperada ejecuta un trackback de esos impecables, efectistas, inolvidables. Dóblala hacia atrás. Como si en un tango. Doblada estás y doblada así porque yo lo he querido. El acero se derrite a tus pies, manos para ser más exactos. La cubertería toda temblará de pánico-excitación al verte pasar. Eres quien eres y todos ya lo saben.
Uri Geller, ponte las pilas. Digo.